Escalofriante dato sobre las cabinas de bronceado.

Uno de cada siete pacientes de cáncer de piel sigue acudiendo a salas de bronceado tras recibir el diagnóstico, tal y como ha evidenciado una investigación realizada por la Facultad de Salud Pública de Yale (Estados Unidos).

Este trabajo, que ha sido publicado en la revista “JAMA Dermatology”, demuestra que la situación “puede ser similar a la de los pacientes con cáncer de pulmón que continúan fumando después de detectarles el tumor”. Así lo indica la autora principal del estudio e investigadora de este centro universitario norteamericano, la Dra. Brenda Cartmel.

A su juicio, es de conocimiento general el hecho de que el bronceado artificial “aumenta el riesgo de una persona de padecer cáncer”, motivo por el cual recurre a la sensación “adictiva” para encontrar una explicación a su práctica tras conocerse la enfermedad. Para ella, algunos pacientes “pueden llegar a ser dependientes del bronceado”.

Por ello, la Dra. Cartmel sostiene que son necesarios “nuevos enfoques de intervención para cambiar estos comportamientos”, sobre todo, en las mujeres jóvenes y de raza blanca, que representan a la mayoría de las más de 20 millones de personas que utilizan estos servicios en Estados Unidos.

Precisamente, en ellos, se emiten una radiación ultravioleta A (UVA) “hasta 15 veces superior a la expulsada por el sol”, lo cual produce un daño “en las capas profundas de la piel”, explica la experta, que ha alcanzado estas conclusiones tras estudiar a 178 personas diagnosticadas de carcinoma de células basales, antes de los 40 años de edad, y que, antes de ello, habían estado expuestas a radiación en centros bronceadores.

Tras ello, ha constatado que el 15% de ellos había ido al menos una vez a estas dependencias tras haber recibido el diagnóstico. Además, más de la mitad de estas personas manifestaron sentir dependencia de estos servicios de autobronceado

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